Entre jadeos y sin parar de llorar y temblar, Manuel a sus 25 años, no cesaba de repetir:
- Nos lo hizo la llorona, fue ella, ella, ella, fue ella.
Sus padres y el psiquiatra salieron de la habitación, dejando la luz encendida y cerraron la puerta, para así permitir descansar a Manuel, era el procedimiento rutinario desde lo ocurrido hace 9 años.
Ya en el salón, el psiquiatra indicó a Hernán y Avelina, padres de Manuel, que en todo este tiempo su hijo no había avanzado en la terapia, le daba la impresión, de que el joven seguía reviviendo constantemente lo pasado aquella semana santa, por ello le pidió que hicieran un esfuerzo, y le volviesen a contar lo sucedido en esos días con todo detalle, para así tratar de encontrar una pista del porque el actual estado mental de Manuel.
Hernán al principio titubeó, pero al final se decidió a contar las últimas palabras con coherencia de Manuel, eran las palabras que pronunció las primeras horas después de lo sucedido, antes de sufrir el shock que ahora solo le permite repetir la frase de “Nos lo hizo la llorona, fue ella, ella, ella, fue ella“.
- Todo sucedió la semana santa del 1999, mientras acudíamos a la procesión del Viernes Santo. - Dijo Hernán, y prosiguió: - Manuel se aburría mucho ante esos acontecimientos y en un momento de despiste aprovechó para irse junto a sus amigos, Lina y Guillermo, para bañarse en el río. Con los 40º que marcaba el termómetro, era lo que mas le apetecía a los chicos, nosotros le dejamos ir, porque con 16 años, a un chico así ya no se le puede detener. -
Ahora Avelina, tomó la palabra: - Nuestro hijo dijo que mientras se bañaban, la corriente les llevo la pelota río abajo, y que sin dudarlo, la persiguieron, hasta lograr darle caza en una pequeña isla fluvial, que se extiende durante 2 Km. cuadrados. - Silenció en ese momento Avelina, comenzó a vacilar.
No le gustaba revivir esa historia, porque, aunque su hijo seguía con vida en la habitación opuesta, ella sentía que lo había perdido, ya no hablaba, salvo para repetir esas malditas palabras, tampoco sonreía, sus ojos aún mostraban ese brillo aterrador desde el primer día. Daba miedo, por ello temía que nadie querría hacerse cargo de el, cuando Hernán y ella se murieran. Como Avelina se derrumbó anímicamente, Hernán tomó la palabra otra vez.
- Una vez en la orilla de la isla, Lina, escuchó los llantos de un recién nacido, ellos Manuel y Guillermo se burlaron de ella, era imposible que un bebé estuviese en ese lugar, y las probabilidades de que una madre lo abandonase ahí, eran casi nulas, porque acceder no era fácil, y en aquella época apenas unos pocos poseían las barcas necesarias, y los que las tenían, no se acercaban allí, por lo antes mencionado, su ínfimo valor económico.-
Bebió un vaso de agua, y tras tomar aire, siguió relatando lo que Manuel les había contado, en aquel pequeño lapso de tiempo. - Lina los miro ofendida y se adentró en la selva, ellos le dijeron que no hiciese la tonta, que podría perderse, pero no podían permitir que ella se fuese sola, así que siguieron tras ella. A medida que se adentraban entre las palmas de bijao, los lloros del niño se hacían mas fuertes, por ello Guillermo y Manuel ya tomaron en serio a Lina. -
El islote, era una maraña de árboles, arbustos y todo tipo de plantas exóticas, pocos hombres se adentraban allí, dado su escaso interés económico, ya que en si, la isla no poseía ningún tipo de riquezas, tampoco era un lugar propicio para cultivar, ya que era bastante escarpado en algunas zonas, y mucho menos servia para pastar el ganado, ya que a pesar de lo pequeña que era, se trataba de una mini selva, bastante frondosa.

Hernán explico al psiquiatra: - Los tres decidieron que no podían dejar al niño a su suerte, seria cuestión de horas de que muriese, así pues continuaron adentrándose entre los matorrales, en dirección de los sonidos, mientras lo hacían, Guillermo quiso hacerse el gracioso, intentando asustar a sus amigos contándoles el viejo mito que recorre toda América, sobre la llorona. - Hernán guardó silencio, toda la casa se contagió, fue tal el silencio que hasta se le podía escuchar.
Ese mito cuenta sobre una mujer indígena enamorada de un colono español, tenían una bonita relación, ella a su vez, se quedo embarazada de este hombre. Pero antes de que ella diese a luz, tuvo que partir a la guerra. Ella tuvo su niño mientras lo esperaba, pero un día, le llegaron noticias de que el colono español, había conocido a una joven de la cual se había enamorado, y que su intención era no volver con esa vieja india. La mujer indígena, encolerizó y llevo a su recién nacido al río, entre llantos, lo ahogó. Después decidió quitarse la vida. Cuenta la leyenda que Dios la maldijo y que ahora vaga en pena por las selvas americanas, se aparece habitualmente en semana santa y se dedica a asesinar cruelmente a la gente que encuentre en los ríos y lagos, al que la mire le arranca los ojos. También dice la leyenda que atrae a sus victimas con el sonido de un bebe llorando, y con sus propios sollozos.
- Vamos continua Hernán, no pares ahora, recuerda todos los detalles y cuéntalo todo - Dijo el psiquiatra con entusiasmo, pero a la vez con compasión, y a su vez para romper la pausa establecida.
Hernán bajó la cabeza y dijo: - Los chicos llegaron a una zona libre de matorrales, una especie de campito, al final de ella había robles. El sonido procedía de ahí. Los chicos temerosos, por haber escuchado esa historia, comenzaron a sentir escalofríos, pero no podían dejar al niño morir. Lograron llegar al robledal y vieron entre uno de los árboles, en una de sus ramas superiores, una canasta, con mantas y lazos azules. Alrededor de la canasta 6 buitres se apostaban, eran enormes, daban terror. En ese momento los gritos del niño se dejaron de oír. Los chicos pensaban como poder recuperarlo pero unos ruidos salidos de un matorral les interrumpieron, los lloros del bebe volvieron, salían de esos matorrales, y cada vez se hacían mas agudos. Presa del pánico enloquecieron, pues no podían asimilar lo que estaban viendo, era un vestido de novia andante, con unos ojos rojos que no paraban de llorar, estaba pálida, sangrante, y un olor fétido comenzó a inundarlos. La reacción de los chicos fue correr y no mirar atrás. -
Tras otra pausa de Hernán, quiso zanjar la historia, contando el final: - Manuel sollozando me reveló que Guillermo tropezó con una raíz saliente y se fue al suelo, nada mas supieron de el, ni lo escucharon, ni lo vieron, Lina y el, siguieron corriendo, por temor a la Llorona. Con suerte lograron llegar al río y sin pensárselo dos veces se tiraron a el para llegar a la otra orilla, eran 300 metros, los dos nadaban juntos, Lina un poco mas rezagada. En ese momento quedaron absortos al ver que la Llorona les seguía, flotaba en el agua, Manuel dice que hizo un esfuerzo final y logró llegar a la orilla, allí se dio la vuelta, y no vio nada, ni rastro de la llorona, ni rastro de Lina. Se tumbó en la orilla y perdió la conciencia. -
- Mas tarde -, dijo Hernán, - Un campesino de la zona, nos vino a avisar, había encontrado a nuestro hijo, en la orilla, temblando, inconsciente, es cuando fuimos a buscarlo y al despertarlo me contó todo eso. Después con esa locura se quedó.
Avelina que tenia los ojos llorosos, interrumpió a su marido: - Días después comenzó la búsqueda de los otros chicos, el primero de ellos, Guillermo, fue encontrado entre unas plantas en el islote, tenia el vientre abierto, arrancadas sus entrañas, dicen los policías, los buitres estaban comiendo su cuerpo, sus ojos, jamás aparecieron, se dice que se los llevo la llorona. Respecto a la chica, Lina, perdida en el río, nunca fue encontrada, por mas que se buscó en esas aguas no se localizó cadáver ninguno. Todo fue un misterio, desde aquella, el mito de la llorona, está mas vivo que nunca. -
Bien, gracias por contar una vez mas la historia, he prestado mucha atención, nos vemos el próximo miércoles, probaremos otro tratamiento con Manuel. - Informó el psiquiatra y tras despedirse, salio de la casa. Por el camino pensó en que todo era muy extraño, y que le parecía raro que nadie hubiese pensado que el chico Manuel, era el principal sospechoso.
Fin

Esta historia es mito popular de Colombia y en general de toda América, sobre todo de México. Tiene innumerables variantes, según la zona, pero lo curioso es que entre las zonas selváticas, los campesinos locales se aferran a creer en ella. Cuando aparecen cadáveres en ella, culpan a la llorona.