Miles de sombras cada noche trae la marea
navegan cargaos de ilusiones que en la orilla se quedan.
Historias del día a día historias de buena gente
se juegan la vida cansados, con hambre y un frío que pela.
Ahogan sus penas con una candela ponte tu en su lugar
el miedo que sus ojos reflejan la mar se echó a llorar.
Muchos no llegan se hunden sus sueños
papeles mojados, papeles sin dueños.
Frágiles recuerdos a la deriva desgarran el alma
calaos hasta los huesos, el agua los arrastra sin esperanza
la impotencia en sus gargantas con sabor a sal
una bocaná de aire les daba otra oportunidad.
Tanta injusticia me desespera ponte tu en su lugar
el miedo que sus ojos reflejan. la mar se echó a llorar.
Estás son las letras de la primera canción de la Mari y su grupo Chambao, de su nuevo álbum, “con otro aire”.
Mientras aquí en el primer mundo miramos para otro lado, y nos regodeamos en discusiones sin fin sobre lo buena o mala que es la llegada de extranjeros, normalmente culpabilizamos a los inmigrantes de todos nuestros males, o bien permanecemos impasibles ante la situación de un porcentaje demasiado alto de la población, que vive en la miseria total.
Ellos abandonan sus países, abandonan sus familias, sus costumbres, lo dejan todo, arriesgan su vida, la venden a las mafias, se suben a una patera, hipotecan lo poco que les queda a cambio de un buen viento que los traiga a nuestros países, se exponen a ser arrestados aquí, todo por sobrevivir, por no morir, por existir, por poder alimentar a sus familias. Y nosotros la solución que proponemos es detenerlos por mas tiempo, hacerles exámenes de integración, colocarles identificaciones de extranjeros de primera y de segunda, expulsarlos, entre los mejores casos. Otros mas radicales optan por exterminarlos. Nadie quiere perder nada a cambio de una vida más digna de todos, nadie quiere ver que este sistema es el más injusto, nadie quiere vivir peor, por un mundo mejor.