Vivencias en Colombia (III)


La historia que hoy os voy a contar es una de las miles que existen a lo largo y ancho del país con parecidas consecuencias. Esta historia cuenta la juventud vivida por Diego y Edwin, dos hermanos, el primero tiene ahora 27 años, el segundo 29. Esta historia me la cuenta Diego mientras nos tomamos unas cervezas Costeñas en una típica barraca colombiana.

Diego hoy en día se gana la vida como conductor de una moto, trabaja como moto taxista, cobrando mil pesos la carrera, es decir unos 30 céntimos de euro el viaje, en un buen día puede llegar a hacer 6 euros, la competencia es mucha y la demanda es poca, así trata de salir adelante y de darle una vida lo mas digna posible a su hijo y a su mujer. A medida que nos vamos tomando las cervezas se va soltando y me va contando como fue su juventud. Empieza diciéndome que debido a la miseria en la que vivía el pueblo en general, la mayoría de los jóvenes veían como única salida para sobrevivir integrarse al mundo de la violencia, la oferta de trabajo era muy variopinta, se busca raspador de coca… se necesita sicario… se paga bien por ser paramilitar… buen sueldo por luchar en la selva como guerrillero… narcotraficante necesita guardaespaldas… Es decir un futuro laboral de lo más prometedor y enriquecedor.

Prosigue y me cuenta que cuando el tenia 17 años, su hermano Edwin, deja la familia para irse a trabajar como buscador de oro, a una vereda situada a unos 40 km en las montañas que se abalanzan amenazantes sobre los alrededores del pueblo. Sin su hermano mayor ahora buscando oro, y sin su padre fallecido años antes, también a causa de la violencia. Es el quien tiene que trabajar duro para sobrevivir tanto el como su madre. Se niega a ser un delincuente, asi que intenta prosperar como limpia zapatos callejero, pero debido a las condiciones del lugar no es lo más favorable. Después comienza a vender Chuzos de carne (Una especie de pincho moruno) por las calles para un comerciante, el sueldo es una miseria y trabaja 15 horas diarias. Mas adelante es contratado por una arenera, su labor acarrear diariamente durante 12 horas, sacos de 20 kilos en el hombro. Debido a la dureza del empleo y lo poco gratificante de la tarea, decide al cumplir 19 años alistarse en el ejercito. Curiosamente es destinado a la base de su pueblo.

Se entrena duro y pronto lo envían a las veredas a combatir a la guerrilla. En uno de estos enfrentamientos un guerrillero le consigue alcanzar con una bala en el hombro, a consecuencia de ello se queda unos meses de baja para apurar su recuperación.

Pasado un tiempo. El ejército es informado que un importante comandante guerrillero permanece apostado en una vereda cercana llamada la 70. Los generales de las fuerzas armadas deciden enviar un contingente para combatir a este líder de la guerrilla, en este contingente está destinado Diego.

Traga saliva, se toma un respiro y me sigue contando, dice que la operación no salió todo lo bien que debería, ya que un chivatazo previene a la guerrilla y provoca una emboscada de esta a los militares. En este momento se le nota muy nervioso, y me dice en varias ocasiones, que llovían las balas, que salían de los árboles. Creía que no saldría vivo, pero poco a poco el ejército presiona a la guerrilla, la cual se va replegando. A medida que pasan las horas de combate, van apareciendo cadáveres de guerrilleros y también prisioneros. Debido a la reciente lesión de Diego, este forma parte de la retaguardia y recibe la orden de custodiar a 3 prisioneros insurgentes, mientras continúen los combates. Su sorpresa se hace evidente al comprobar que uno de ellos es su hermano Edwin, lo nota cambiado, delgado como si tuviese la peste, sucio y extenuado, con mirada triste y también sorprendido al ver a su hermano Diego vestido de militar. Como Diego conoce los castigos y torturas que reciben los guerrilleros capturados por el ejército, decide soltar a su hermano, le dice que se escape y que no vuelva a luchar junto a la guerrilla. Edwin desaparece entre la selva, en dirección contraria al conflicto.

Tras los combates Diego es juzgado y castigado a una temporada en el calabozo, después de esa pena, lo expulsan del ejercito, por haber dejado huir un guerrillero, por haber querido tanto a su hermano. Tiene que abandonar el campo e irse a la ciudad, por amenazas de los paramilitares, no le perdonan tener un hermano guerrillero. Después de 5 años vuelve a su pueblo y decide trabajar como moto taxista. Allí su tío, pastor evangélico le cuenta que hace dos años su hermano Edwin hizo aparición en su casa por la noche, herido de bala en un brazo, había vuelto a la guerrilla, tras ese último combate había decidido dejar la vida en la selva, los combates, el hambre, la persecución del ejército. Pidió ayuda a su tío y este le habló del programa de desmovilización que ofrece el gobierno. Ahora Edwin, vive protegido, en otra zona del país, es pastor evangélico, y ha tenido que cambiar su nombre para evitar ser perseguido por los paramilitares. Ha encontrado tranquilidad y prosperidad, predicando sobre la Biblia. Hoy los dos van progresando, lejos de la violencia, lejos de las armas.

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Acerca de danigc

Nacido en el 1982. Interesado en politica internacional y sobretodo en conflictos armados. Me dedico a escribir en este blog mi propia visión del mundo.
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